¿Qué es la conexión intestino-cerebro y por qué es importante para la salud en general?


Tradicionalmente, la ciencia occidental ha tratado la mente y el cuerpo como entidades separadas, pero la avalancha de investigaciones sobre la microbiota intestinal y nuestra comprensión del papel que desempeña en la salud física también está teniendo un impacto en cómo entendemos la salud mental y cognitiva. . También ha aumentado el interés en aprender cómo nutrir una microbiota intestinal diversa puede ayudarnos a ser más saludables y felices.

Los científicos conocen desde hace años el eje intestino-cerebro, la comunicación bidireccional entre el sistema nervioso central (SNC) y el sistema nervioso entérico (ENS). El SNC tiene alrededor de 100 mil millones de neuronas (células nerviosas) que se comunican con otras neuronas. El ENS, que cubre todo el tracto gastrointestinal, tiene alrededor de 500 millones de neuronas, por lo que el eje intestino-cerebro vincula los centros emocionales y cognitivos de su cerebro con sus funciones intestinales. El nervio vago es uno de los nervios más grandes que conectan su intestino y su cerebro, y también envía señales en ambas direcciones. Esta conexión bidireccional es clara cuando nos damos cuenta del dolor o la angustia digestiva, cuando tenemos "un presentimiento" o cuando el estrés o la ira hacen que nuestro estómago "se haga nudos".

Un giro más reciente en nuestro conocimiento de la conexión intestino-cerebro es el concepto de eje microbioma-intestino-cerebro. La investigación sugiere que nuestros microbios intestinales interactúan directamente no solo con nuestras células intestinales y el ENS, sino también con el SNC. Incluso se ha llamado a la microbiota el "pacificador" entre el intestino y el cerebro.

Ansiedad y depresión

Tanto los estudios en humanos como en animales han demostrado que consumir probióticos (microbios beneficiosos) de suplementos o alimentos puede reducir la inflamación, la ansiedad y los signos de angustia. Un estudio de 2013 asignó al azar a 36 mujeres sanas a uno de tres grupos: yogur probiótico, producto lácteo no fermentado sin probióticos o sin yogur ni productos lácteos. Después de cuatro semanas de consumo dos veces al día, los escáneres cerebrales indicaron que las mujeres que comieron el yogur rico en probióticos tuvieron una respuesta emocional menos negativa cuando se les mostraron fotos de personas enojadas, tristes o temerosas.

La fibra prebiótica, que alimenta las bacterias intestinales, también puede influir en la salud mental. La investigación de la Women's Health Initiative encontró que una dieta rica en carbohidratos refinados aumentaba el riesgo de depresión en mujeres posmenopáusicas. Ese estudio encontró que una dieta rica en fibra de cereales integrales, verduras y frutas enteras se asoció con un menor riesgo de depresión.

Muchas personas con síndrome del intestino irritable (SII), que ahora se considera un trastorno de la interacción intestino-cerebro, también tienen niveles elevados de síntomas de ansiedad y depresión, y alrededor del 60 por ciento de los que padecen SII informan que sus primeros síntomas coincidieron con un aumento de los niveles de estrés. Muchas personas con SII experimentan "hipersensibilidad visceral"; en otras palabras, su percepción del dolor o malestar en los intestinos es más elevada de lo normal. Es probable que las personas con síntomas graves de SII presenten alteraciones en su microbiota intestinal, mientras que las personas con síntomas leves no lo son.

Diversidad microbiana y salud cerebral

El desarrollo normal de la microbiota intestinal es necesario para apoyar el desarrollo normal del cerebro poco después del nacimiento y puede tener efectos duraderos sobre el comportamiento y la función cognitiva. Una microbiota escasa en una etapa temprana de la vida puede estar asociada con un mayor riesgo de ansiedad, autismo e IBS, mientras que una microbiota escasa más adelante en la vida se asocia con la enfermedad de Alzheimer y Parkinson. También existe una creciente evidencia de que los orígenes de la esquizofrenia y otras enfermedades psiquiátricas pueden estar en el desarrollo temprano del cerebro.

También es digno de mención que un microbioma intestinal alterado probablemente juega un papel central en la aparición de la enfermedad celíaca, que puede producir síntomas neurológicos que incluyen pérdida de coordinación, dolor de cabeza y disfunción cognitiva. La microbiota también puede desencadenar la producción de varios neurotransmisores, incluida la serotonina, el 95% de la cual se produce en el intestino. Las bacterias del intestino grueso fermentan la fibra dietética para producir ácidos grasos de cadena corta, que pueden mejorar la función cognitiva en diversas enfermedades neurológicas.

Comer para tener un intestino y un cerebro saludables

La investigación hasta la fecha respalda el papel de las bacterias intestinales en el desarrollo y la función del cerebro, pero la mayor parte de esta investigación se ha realizado en animales. La información de los estudios en humanos es limitada por varias razones, incluida la mayor complejidad del estudio del microbioma humano, variaciones más amplias en la dieta humana, influencias ambientales, variación genética y la dificultad de medir cambios sutiles en la función emocional y cognitiva humana. Es necesario realizar más investigaciones para comprender los mecanismos involucrados en el eje microbiota-intestino-cerebro para que los científicos puedan desarrollar estrategias terapéuticas.

A pesar del interés en los probióticos, aún no está claro cómo se pueden usar de manera terapéutica cepas específicas de bacterias o combinaciones de cepas para atacar ciertas condiciones de salud o problemas neurológicos. Hasta entonces, una dieta rica en alimentos vegetales integrales, con la adición de alimentos fermentados ricos en probióticos, es una buena apuesta para apoyar la salud física y mental. La conclusión es que nuestras dietas influyen en la composición y la salud de nuestra microbiota intestinal, y comer una dieta rica en diferentes tipos y fuentes de fibra ayudará a mantener una diversidad microbiana saludable.

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